top of page


Mi abuela tenía sobre su cómoda en la habitación una escultura de un niño Jesús, recién nacido, sobre una pequeña manta de encaje. Recuerdo ir continuamente a escondidas a observar, lo que para mí era, un Nenuco más bonito y pesado que el mío. Nunca me atreví a cogerlo en brazos por miedo a romperlo, pero me gustaba observarlo como si fuera un pequeño niño milagroso que en cualquier momento dejaría escapar una carcajada de sus labios.
bottom of page