top of page


A mi hermano David siempre le han fascinado todas las criaturas de la tierra y el mar. Es por ello, que durante un tiempo, tuvimos una pecera bastante aparatosa en el salón que emitía un sonido desagrable y constante por culpa de la bomba de agua. Los nombres con los que mi hermano bautizaba los peces no eran demasiado originales (naranjita, negrito, ojos saltones) pero aún así era entretenido observarlos nadar ajenos a todo lo que ocurría fuera de su prisión acuática.
bottom of page