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Esa pizarra fue uno de los mejores regalos de Reyes, tenía dos lados, un lado era una pizarra negra para poder dibujar con tiza y el otro una pizarra blanca en la que pegábamos imanes y dibujábamos con esos rotuladores que olían tan mal. Así que mi hermano y yo podíamos jugar con ella a la vez. Esa pizarra se rompió hace tiempo y ahora en ese lugar hay dos estanterías enormes que casi llegan al techo llenas de libros y mis figuras de colección.
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